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Historia de Huaura
Ubicación
Fundación de la "Villa de Huaura" o de "Carrión de Velasco" 1597
Primeros moradores
Sus fundadores
La Casa del Milagro
Las Salinas fueron siempre de propiedad de la Villa de Carrión de Velasco
La Provincia de Chancay se dividía en tres valles: Chancay, Huaura y Barranca.
El pirata Davis se presentó en la Villa de Huaura
El Hospital de la Villa de Huaura Su fundación y recursos
Arribo y desembarco de la Expedición Libertadora en la apacible bahía de Huacho
Voluntarios, conversos y emigrados se presentan ante el General San Martín, en su Cuartel General en Huaura.
Las conspiraciones del Dr. Fernando López Aldana y su relación con la casa cuartel del General José de San Martín en la hacienda "El Ingenio" en Huaura.
La Casa Cuartel del General San Martín, en la hacienda " El Ingenio en Huaura"
Otras importantes evasiones realistas; que día a día engrosaban las filas del Ejército Unido Libertador del Perú en su Cuartel General en Huaura.
El joven Felipe Santiago Salaverry del Solar, es recibido efusivamente por el General San Martín, en su Casa Cuartel de la hacienda "El Ingenio" en Huaura.
El Batallón Numancia
El Puente de los Pecadores ("El Puente de Huaura")
Dos ilustres hijos de Huaura Coronel Pedro Portillo Silva y Dr. Agustín Gamarra Dulanto
 
1. Ubicación
Huacho, Capital de la Provincia de Huaura, está situada a 148 Km., al Norte de Lima. En una antigua lengua del lugar su nombre significa "Comida abundante y generosa". La variedad de recursos para la mesa se deben a su mar y su campiña, a su suelo y su clima benigno, que llega a 25ºC en los meses de verano (enero- febrero y marzo) y baja a solo 15ºC en el resto del año. Huacho es una bahía que por el sur empieza en Punta La Viuda y por el norte termina en Punta Carquín.
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2. Fundación de la "Villa de Huaura" o de "Carrión de Velasco" 1597
Al pasar por el antiguo pueblo de Indios de Huaura, el 20 de Julio de 1596, el virrey don Luis de Velasco fue acogido con vivas muestras de simpatía por los labradores españoles y caciques del valle, quienes le suplicaron les hiciera merced, luego que tomara las riendas de su gobierno en Lima, de elevar el mencionado pueblo a la categoría de Villa de españoles, por ser ya numerosos los que en ese poblado y comarca residían. Es evidente que desde entonces, como en el caso del Conde de Nieva, respecto de la Villa de Arnedo, resolvió el futuro Marqués de Salinas y ex-Virrey de México, expedir provisión y designar con su ilustre apellido en honor de su casa y lugar de nacimiento, a Huaura como "Villa de Carrión de Velasco". Acaso fue el vecino don Luis de Zavala quien hiciera formalmente la petición y suministra la información acostumbrada, tal como había hecho otras de común beneficio para los labradores españoles del valle.
Cuando existían establecidos a la usanza española, mediante Reducciones, los "asientos" de Aucallama, Huaral, Huacho, Végueta, Sayán, Santiago de Maray, Paccho, Iguari, Supe, Barranca y aún Pativilca en el vasto Corregimiento de Chancay; sobrevino en 1597, la creación de la "Villa Carrión de Velasco", segunda Villa de Españoles, treinta y cuatro años después de la primera, que fue la "Villa de Arnedo" o Chancay.
Era corregidor y Justicia Mayor de la Provincia, por Su Majestad don Felipe II, el Maestre de Campo don Alonso de Mendoza Cataño de Aragón, quien recibió y dio cumplimiento a la cédula o providencia virreinal.
Todo nos dice que existía ya un poblado y levantada había una Iglesia, de la advocación de Santa María del Camino (alude a la aparición de la hoy venerada Imagen de la Virgen del Carmen de Huaura), lugar, hoy, en completo abandono y maltratado (con sus catacumbas semi destruidas y sin el mínimo cuidado), que ocupa al lado de la Plaza San Martín, frente al Balcón de la Independencia, donde estuvo hasta el pasado siglo la Iglesia Parroquial de la Villa.
Tal fue el sitio elegido oficialmente por los comisionados residentes, que parecen haber sido: don Luis de Zavala, don Gonzalo Fernández de Heredia y don Juan Torres Salazar, primeros vecinos de la villa (y muchos más). Desempeñaba el curato y vicaría del valle el padre clérigo don Antonio Rodríguez Cebrato; siendo encomendero de Végueta don Sancho de Ribera y Bravo de Lagunas; cura de Huacho el padre clérigo don Diego Hernández y, dueños de fundos rústicos en la comarca, numerosos personajes.
Al fundar la Villa de Carrión de Velasco, que equivalía a ratificar o confirmar la existencia organizada del pueblo que allí se había formado, se trataba de dar un común hogar a numerosos españoles de dicho valle tan alejado del de Chancay, con Ayuntamiento, Justicia y Regimiento, como en la Villa de Arnedo, que se instaló en los primeros momentos de la solemne ceremonia de erección; al mismo tiempo para conseguir que los indios que debían prestar servicios a los Mitayos en la población y en la labranza de las heredades, no vivieran alejados del principal centro poblado de esa zona.
En cuanto al Verdadero Fundador y Año de la Fundación de la Villa; Por haber discrepancia entre los pocos antiguos historiadores que sobre el particular han escrito, conviene dejar establecido, de una vez por todas, que fue el Virrey Don Luis de Velasco (quien gobernó en Nueva Castilla (Pirú o Perú) hasta 1604 y convertido en Marqués de Salinas en 1611), quien expidió la provisión correspondiente en 1597.
 
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3. Primeros moradores
Residían en 1597, como, "Moradores del Valle y Villa" en el Asiento de Huaura, según los protocolos notariales y otros documentos coetáneos, numerosos agricultores, comerciantes, soldados y gentes de otros oficios que fueron -a no dudarlo- los primeros pobladores y vecinos de la Villa de Carrión de Velasco, inscritos en el Registro que se llevó en el Cabildo, Justicia y Regimiento, instalado con independencia del Ayuntamiento de españoles de la Villa de Arnedo (Hoy Chancay). Muchos de los personajes, cuyos nombres extraigo con minuciosidad de aquellas fuentes, residieron en el valle y antiguo Asiento desde 1589, 1596, figurando después como testigos instrumentales, y otorgantes, hasta los primeros años del siglo XVII, no en calidad de "estantes" sino de "moradores" y "vecinos" de la Villa, con solares, casas de viviendas, cuadras para huertas y estancias, heredades, Indios Mitayos y "Yanaconas".
 
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4. Sus fundadores
Luis de Zavala, Capitán Gonzalo Fernández de Heredia y su hermana doña Isidora, casada con don Diego de Isásaga Meneses, Juan de Torres Salazar, que fue Teniente de Corregidor en 1594 - 96 - y en 1604; Francisco de Santana, que fue también lugarteniente en 1594 y testó en la Villa en 1608; Diego Camacho, Alcalde de la Santa Hermandad y Teniente General de Corregidor en 1603, quien testó en la Villa en 1605; Capitán Juan Bayón de Campomanes, residente en el valle según instrumentos de los años 1593, 97 y 99, "Encomendero de Huaura y Huacho"; vecino de la Ciudad de los Reyes y su Alcalde Ordinario en 1594; Miguel de Osorio, Escribano Público y primero del Cabildo de la Villa; Bartolomé de Morales y su hija Inés Rodríguez, viuda de Bartolomé Verdejo. Alonso Vásquez Bustamante, Notario Apostólico; Juan Sánchez Montesinos; Bartolomé de Heredia; Juan de Pereda; Juan bautista Luis; Pedro Laines de la Hoz (hoy Laos); Andrés García de Segovia, Alcalde Ordinario de la Villa en 1598; Diego Pérez de Ordiales, Teniente de Alguacil Mayor en 1599; Suero Días de Campomanes, hermano de don Juan, vecino y Regidor de Lima; Juan de Cáceres y Obando; Francisco Flores Rosel; Francisco de Marmolejo; Diego López de Marmolejo, Juan de Castañeda, Miguel de Fuente Clara, Marcos de Rivas, Miguel de Ondarza; Juan de Sagredo; Juan de la Hoz; Luis de Fuente; Iñigo de Saravia; Juan López Palomino; Luis Morales; Benito Luis de Ojeda; Martín Vásquez; Francisco Rodríguez; Juan Álvarez; Bartolomé de Torres y Portugal; Lorenzo Lónes y otros" .
 
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5. La Casa del Milagro
En unos trapiches, cerca de la Villa de Huaura, mientras caía el sol, permaneció el Arzobispo don Toribio Alfonso de Mogrovejo recostado sobre unas cañas, en el aposento en donde había dormido. Su criado, don Bernardo de Alcócer entró a llamarlo para continuar la visita de su Diócesis que comprendía las ciudades de Lima y de León de Huanuco, y las Villas de Ica, Pisco, Cañete, Arnedo (o Chancay), Santa y Huaura (o Carrión de Velasco). Santo Toribio, respondió a Alcócer, "aún tengo cinco minutos para leer uno de los Salmos".
Y leyó en alta voz: "El que habita en el retiro del Altísimo, morará seguro, bajo la sombra del Omnipotente. Por cuanto has dicho: ¡Tú, oh Señor eres mi refugio! y al Altísimo has puesto por tu habitación; no te sucederá mal alguno, ni plaga, ni mortandad, te caerá en tu morada. Por que El da encargo a sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en tus caminos; sobre las palmas de sus manos te llevará para que no tropieces con tus pies, en alguna piedra. Pisarás al león y al áspid. Hollarás a la serpiente. Por cuanto tiene puesto en mi tu amor, dice el Señor, y también te libraré y te glorificaré y te mostraré su salvación". Así sea, dijo Alcócer.
Santo Toribio tomó el Diurno, el criado el Breviario y el Fieltro, únicas prendas personales del prelado, y salieron. Apenas atravesaron el umbral éste cayó y se vino abajo todo el aposento, y la casa, lo que causó espanto y admiración del pueblo de Huaura que, juzgando que milagrosamente guardaba Dios al Santo Prelado, fue en tumulto, y al repicar incesante de la campana histórica, a dar gracias a la Capilla de Huaura.
La Casa de esta catástrofe, durante mucho tiempo, permaneció derruida y se mostraba al viajero, llamándola la Casa del Milagro.
 
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6. Las Salinas fueron siempre de propiedad de la Villa de Carrión de Velasco
Cinco leguas distante de la Villa de Huaura, se encontraban las salinas registradas en las cartas geográficas de principios del siglo XVIII con el nombre de Carrión de Velasco. Era uno de los recursos que aumentaban el florecimiento de esta Villa. Pero así como en el transcurso del tiempo, se debilitan tan grandes y populares ciudades, así Huaura perdió sus regulares proporciones, cuando su vecindario acomodado, por sus adquisiciones de fortuna, transmigró a Lima, fijando allí su domicilio. Paulatinamente quedó Huaura en poder de una población sin comercio. Su inmediación a Huacho, a tres cuartos de legua, hizo que este pueblo, vecindario de indios, se fuera levantando y agrupando a su alrededor un respetable número de parcialidades: los Malambinos, los Trujillanos, etc. Las comodidades eclipsadas en Huaura, en Barranca y Arnedo (Chancay); cuando las familias adineradas prefirieron a la sencilla vida del campo la vida bulliciosa de Lima, se formó Huacho, pueblo cosmopolita y hospitalario. Gobernadas las provincias por los Corregidores, en interés de los repartimientos, y otras consideraciones, que se tuvieron para su extinción consultaron sus prográficas, de principios del siglo XVIII con el nombre de pío interés y edificaron Huacho sobre las ruinas de Huaura. A esta Villa abastecida de cuanto era preciso para la vida humana. Posesionado de la sal, no permitían que nadie se mezclara en su ingreso, ni consentían a otros pescadores que los propios naturales. La pesca era antes diaria, y en el primer lustro del siglo XIX era precaria. No quedaba a Huaura recurso de subsistencia. Había sido fundada con el nombre de Carrión de Velasco, y ni esto le sirvió para reclamar las salinas de su nombre. Los indios de Huacho se hicieron dueños de las salinas, que se decía ser de las más importantes de América. No hay tradición de otras semejantes, consideradas siempre libres y estancadas, en manos de los indios, a los que ese poder económico les dio la arrogancia necesaria, para nombrar Alcaldes y con estatutos desconocidos, "que no los entienden ni los mismos indios", escribió en 1850, don Fernando Jiménez, reputado comerciante. Nadie sino los indios podían cortar sal; los españoles estaban impedidos, por estos. Con una costa de 30 leguas, que comprendía el puerto de Ancón, el de Chancay, la Herradura o Salinas y el de Barranca, y con una porción de caletas, daba la impresión de una costa desierta. Era por naturaleza un lugar destinado al comercio clandestino, sin guardacostas, ni resguardos. Esto favoreció al contrabando. Luego, lo tuvieron muy en cuenta los grandes marinos ingleses que pirateaban en nuestras costas, y después se pusieron al servicio del Almirante Cochrane y del General José de San Martín, para la campaña libertadora.
 
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7. La Provincia de Chancay se dividía en tres valles: Chancay, Huaura y Barranca.
El Valle de Huaura
Regado por su río de poco caudal, alcanza un curso de 22 leguas. Valle fértil, con una extensión de tres leguas de tierras de repartimientos de los indios de Huacho, y las haciendas de Chacaca, Corral Redondo, Ingenio, Loza, Acaray, Vilcahuaura, Humaya, Quipico, Andahuasi y Casa Blanca, con otra porción de haciendas menos extensas. El Ingenio, Humaya, Quipico y Andahuasi haciendas de caña; las demás eran de cría de ganado, y de pan llevar. Estas haciendas beneficiaban en 1805, 55 mil arrobas de azúcar, cosechaban seis mil fanegas de trigo, cuatro mil quinientas de maíz, mil fanegas de ají, dos mil de frijol, mil de cebada, mil cuatrocientas reses para el abasto de Lima, y 7,000 cerdos que negociaban con el valle de Chancay. A distancia de cinco leguas estaban situadas las salinas de Huaura, en las que se cortaban setenta mil piedras de sal, que agregados a la producción del valle, con el aumento de algo en arroz y en carbón, se podía calcular su producción en 190,000 pesos anuales. Los indios de Huacho, Supe y Barranca se dedicaban a la manufactura de los sombreros de "Junco", que producía la provincia. El trabajo en los primeros era asombroso. "En América, los Indios Catacaos y los de Jipijapa; pero, después sólo los huachanos", decían, los conocedores del buen sombrero. Tres ramos importantes se proponían promover en su centro económico, los pobladores de esta circunscripción. Azúcar, de las haciendas: Ingenio, Humaya, Quipico, Andahuasi, San Nicolás, Calpón y Huayto. Todas grandes a excepción de las dos últimas, que correspondían al partido de Santa. Embarcaban por Herradura y Barranca, o lo remitían a Lima. Clamaban por extender su comercio al Virreinato de Buenos Aires. Los cañavereros reclamaban para esto el fomento del puerto de las Salinas, pensando así, sería más activa la extracción. Los fletes, derechos, pontazgos y comisiones tenían postrados a los azucareros. Después de estos gastos, tenían que marchar, de 20 a 40 leguas, por 9 que había en a la hacienda más distante. La dificultad de recuas era otro factor en contra. Los pastos se dedicaban mantener a la bueyada, que era el eje principal de las Moliendas.
Todos pedían el fomento del puerto: azucareros y compradores de sal, que adquirían directamente de los indios de Huacho los que asumieron, como se ha dicho, ese derecho, que corresponde a los de Huaura, y estancaron, en sus propias manos, las cuatro leguas de pampa, toda de sal.
Dos pontazgos había en la provincia
Uno en Chancay que se llamaba de Pasamayo, por cuyo paso cobraba el Marqués de Villafuerte, medio real por cada bestia de carga o silla, cuatro reales en ciento de ganado menor, y medio real cabeza de ganado mayor. Otro Pontazgo de Huaura, pagaba 8 reales el ciento de ganado menor; medio real cabeza de ganado mayor, un real carga de toda especie y medio real por carga, todos los indios.
 
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8. El pirata Davis se presentó en la Villa de Huaura
Los piratas y corsarios que varias fortunas habían infestado nuestros mares, volvieron en tiempos del Virrey Melchor de Navarra y Rocafull -Duque de La Palata- a sembrar el desconcierto. En 1683 Davis cruzó el Estrecho de Magallanes y entró en el mar del Sur. Eduardo Davis o David a bordo de una fragata de 36 cañones (la Tigre) y otras dos de menores fuerzas; todas con tripulación inglesa, y en las islas de Juan Fernández se dio la mano con Edward, que piloteaba otra de 16. Más tarde se le unieron otros barcos pequeños, unos de franceses y otros de Ingleses filibusteros, algunos de los cuales habían logrado atravesar el Istmo por la parte del Darién.
El 12 de Marzo de 1684 el virrey Duque de la Palata, recibió el primer aviso de su presencia en carta del presidente de Chile don José Garro. Entretanto Davis o David recorrió a mansalva toda la costa y ya en el golfo de Guayaquil, después de hacer algunas presas, se unió a los filibusteros procedentes de Panamá. El Virrey a fin de vencer los recelos y temores de los mercaderes y de los particulares, reforzó la armada y enfrentó a los piratas.
Su buena dicha quiso que en el tornaviaje avistasen al enemigo, en la ensenada de Panamá, cerca de las Islas del Rey, donde se trabó un combate que duró varias horas y en el cual la ventaja estuvo de parte de los nuestros. Era 11 de junio de 1685, pero por diferencia entre los jefes y disputas que no tenía razón de ser, estando ya casi rendido el enemigo, éste pudo emprender la fuga, valiéndose de la mayor ligereza de sus barcos. Davis, al cual se habían unido dos compatriotas suyos, Swan y Peter Harris y el francés Groniet, resolvió separarse de sus compañeros.
La armada tomó rumbo al Sur. Davis siguió la estela de sus contrarios y, después de saquear Sechura, Saña, Casma, Santa y Huaura, se presentó en Pisco el 11 de Junio de 1686. Pero veamos, algunas de sus depredaciones y crímenes:
Después de Sechura cayó Davis sobre Zaña, la villa más rica y poblada, como lo demuestran aún hoy las ruinas de sus conventos. Luego al puerto de Chérrepe por el mes de febrero y, poco después, cruzó sin tropiezo la distancia que lo separa de Saña, donde era Corregidor D. Luis Venegas Osorio, sargento general de batalla, el mismo a quien se pensó encomendar la fortificación de Portobello. No hubo resistencia y el pirata pudo saquear la población a su placer y llevarse cuanto era de algún valor. En Santa y en Casma repitieron la hazaña, aunque sin mucho provecho por la cortedad de los lugares, pero en la segunda de estas poblaciones dieron muerte al cura, D. Andrés de Estrada, por haberse negado a descubrir un caudal que en realidad no tenía.
Luego le tocó el turno a la Villa de Huaura o Santa María del Camino, llamada también de Carrión de Velasco, lugar bien avecindado y rico como es su fértil valle.
Davis desembarcó en Huacho el 13 de marzo, y después de quemar el caserío de indios pescadores que habitaban el lugar, pasó a Huaura y, sorprendiendo a su vecindario, redujo a prisión a los más notables vecinos, que, según Mugaburu, fueron 18 y entre ellos el Alcalde Provincial, don Blas de La Carrera.
Veamos que nos refiera el suceso fr. Diego Felipe de Cuéllar, Provincial de San Francisco:
"En la Recolección que aquí tiene mi Religión, dice: apresaron algunos religiosos y por no haber manifestado los vasos sagrados los amenazaron con la muerte y les hicieron sortear con unos dados. Cayó la suerte en fr. Francisco Fernández, definidor habitual, muy ejemplar religioso y al punto le quitaron la vida de dos balazos dentro de la misma iglesia. Y habiendo herido muy mal a otro religioso sacerdote lo llevaron prisionero con la demás gente que pudieron recoger. El buen fraile añade: "No lo dudo, Señor, ni por acá se duda; si V. M. no se sirve enviar algunos navíos armados, por que el pavor que ha permitido Dios se infunda a los españoles es de calidad que, a la voz de que viene el inglés, raro es el que no tiembla... como por nuestros pecados se ha visto en Paita, Piura, Zaña, Huaura y otras partes, sin que hayan tenido resistencia 80 a 100 hombres que han echado en tierra. Se han valido de tal industria que los navíos que dan la mar por dentro, sin que puedan ser vistos y con barcos saltan de noche y, aunque puedan acometerlos, no se han atrevido. ¿Pues si con número tan corto han hecho tales destrozos, que se podrá recelar si vienen muchos.....? No le faltaba razón al Provincial y extraña que Davis hubiera podido recorrer la costa sin hallar oposición.
 
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9. El Hospital de la Villa de Huaura Su fundación y recursos
Don Diego Bravo de Lagunas y Montero.
Natural de Alcalá de los Gazules, hijo de don Francisco Bravo y de doña María Montero. Su padre fue de veinticuatro de Jerez, su patria, y vino al Perú nombrado por el Rey Alcalde Mayor de las minas de Potosí. Don Diego era sargento mayor y Regidor del Cabildo de Lima, donde se avecindó con sus padres desde 1614. Contrajo matrimonio en Huaura con doña Ana Carreño, hija de un hacendado y regidor de esa villa.
Cuando falleció sin hijos, se fundó allí con sus bienes, un hospital, según lo ordenó dotándole con el capital de 10,000 (diez mil) pesos. Se creó también una capellanía de 12,000 (doce mil) y una buena Memoria de 21,000 (veintiún mil) para dos dotes anuales.
Doña Ana casó por segunda vez con don Antonio Sandoval, viudo de doña Ana Salazar. Fundó una capellanía de 15,000 (quince mil) pesos; legó 10 (diez) esclavos y unos terrenos al mismo hospital que estableció su primer marido; dotó una escuela en Huaura y mandó distribuir muchas limosnas. Las haciendas que don Diego había adquirido, en el remate de los bienes del capitán don Juan Fernández Heredia, eran valiosísimas, pues comprendían como 30 (treinta) leguas cuadradas, aún excluida la hacienda del "Ingenio" de Huaura, que pasó por donación de Juan Infante Trujillo, a ser propiedad del Colegio de los Desamparados de Lima.
Don Diego Bravo de Lagunas, falleció el 31 de diciembre de 1663; su retrato y el de su esposa doña Ana Carreño se conservaron en el Hospital de Huaura.
La Iglesia y convento de San Francisco de esta villa se fundaron por don Gonzalo Fernández de Heredia, ascendiente de las familias Loza Bravo y de don Antonio Sandoval. Este en su testamento declaró que perdonaba cuanto le debieran los que no fuesen nobles. (Más de 40,000 pesos).
 
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10. Arribo y desembarco de la Expedición Libertadora en la apacible bahía de Huacho
El 9 de noviembre, encontrándose la Expedición Libertadora en la bahía de Ancón, por espacio de diez días, el General San Martín dio la orden general de prepararse, y de disponer los transportes y las tropas para una inmediata operación.
A las cuatro de la tarde del mismo 9, con la "Moctezuma" por descubierta, los transportes en el centro y el resto de la Escuadra a la vanguardia, el convoy independiente emprendió viaje con rumbo hacia el norte; amaneciendo frente al puerto de Huacho donde dio fondo a las ocho y media de la mañana del 10 de noviembre de 1820.
Desde el 10 hasta el 12 desembarcaron en Huacho todos los cuerpos del ejército, caballos y otros adyacentes. El General en Jefe mandó al Teniente Coronel Alberto Bakler D'Alve a reconocer las posiciones de Huaura y Supe, quien regresó de inmediato con los detalles de ambas.
El 14 se emplearon 700 hombres en construir tres reductos sobre las alturas que dominan al puerto. También se mandó construir un muelle para la comodidad del desembarco.
El 17 mandó S.E. que toda la infantería marchase a Supe a las órdenes del Mayor General Gregorio de Las Heras, quedando los Cazadores a caballo en Huacho, y pasando los granaderos a situarse en Huaura.
El 18 llegó la infantería a Supe; al siguiente día 19 entró el General en Jefe.
El 20 salió el Teniente Coronel D'Alve a reconocer el curso del río Huaura.
El General en Jefe dio orden el 5 de diciembre para que la infantería se pusiese en marcha y ocupara la margen derecha del río Huaura, apoyando la derecha de su línea en la Villa de ese nombre, y la izquierda en Sayán; el batallón de Cazadores quedaba en Supe, y el N° 5 que aun se hallaba en Huaraz, debía estar pronto a marchar a la primera orden.
El 6 salió de Supe el resto de la infantería. El General en Jefe pasó a Vilcahuaura, y regresó a Huaura después de reconocer las posiciones intermedias.
Para cubrir los vados practicables del río Huaura, y asegurar la cabeza del puente que se halla frente de esta Villa, mandó el General en Jefe, que el Teniente Coronel D'Alve, dirigiese la formación de un reducto a la cabeza del puente, y cubriese los demás puntos que indican las posiciones laterales del Río.
El Ejército Libertador ocupaba una posición ventajosa en todo aspecto y a la brevedad formó una línea contínua de operaciones desde la costa hasta la sierra, que privó enteramente al enemigo de todo recurso, amenazándolo constantemente por su frente y flanco.
Así aparece en el Boletín N° 4 del Ejército Unido Libertador del Perú, fechado el 20 de noviembre, en Supe.
La ocupación del Valle de Huaura desde el 17 de Noviembre de 1820, tuvo por objeto proseguir en el plan de propaganda política y quebranto de la moral de los realistas, fines que eran primordiales, según el criterio del General San Martín. Se trataba de obtener en Huaura lo mismo que se consiguió en Pisco.
 
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11. Voluntarios, conversos y emigrados se presentan ante el General San Martín, en su Cuartel General en Huaura.
En los históricos meses de noviembre y diciembre de 1820, brillantes y ruidosos éxitos habían consagrado y glorificado la causa de la Patria. Fueron tres los más importantes: 1° la captura de la fragata de guerra "Esmeralda", el navío de guerra más importante de la escuadra realista (la madrugada del 6 de noviembre de 1820); 2° la defección del batallón "Numancia", una de las mejores unidades del ejército español, cuerpo selecto formada por gente escogida de la Nueva Granada (2 de diciembre de 1820); y 3° la victoria obtenida por el general Juan Antonio Álvarez de Arenales en las argénteas crestas del Cerro de Pasco, sobre las huestes que mandaba el general irlandés O'Reilly, del ejército realista (6 de diciembre de 1820). Estos triunfos exaltaron en todas partes los sentimientos separatistas, que cada día conquistaba infinidad de prosélitos; descorazonando cada vez más a los realistas y daban rienda suelta a su indignación; buscando una víctima propiciatoria para sus males, meditando y planeando en la sombra la caída del Virrey Pezuela. Muchos conversos renegaban de los recientes vínculos con el régimen colonial; multitud de voluntarios de todas las edades y clases, volaban a enrolarse en las filas del Ejército Patriota; y un éxodo incontenible llegaba al Cuartel General en Huaura, quienes por su notoria filiación rebelde y sus servicios a la libertad, eran blanco de amenazas, persecuciones, violencias y hostilidades del poder. En todos los lugares que fue ocupando y dominando la Expedición Libertadora, fueron sometiéndose voluntariamente quienes gozaron de comodidades y dulzura capitalina, como es el caso del joven Marqués de San Miguel, y el casi niño y futuro Coronel Odriozola, quienes se presentaron ante el General San Martín, en su Cuartel General, en Pisco.
Cuartel General de Huaura. ***
Desembarcado San Martín en Huacho, logró con felicidad, salvar de los obstáculos que se le oponían y de los riesgos que le rodeaban; y, a principios de noviembre de 1820 se refugió, tranquilo y seguro, en su Cuartel General en Huaura.
Don Juan Castro, fue el primero de los patriotas que se presentó ante el General San Martín, en su cuartel general en Huaura. El benemérito Juan castro, quien domiciliaba en Bellavista, Callao, fue perseguido a muerte por su participación en la conjuración abortada de Gómez, Alcázar y Espejo (el 21 de julio de 1818); e individuo que, si bien exculpado en el proceso respectivo, fue, por datos superiores, buscado con tenacidad que ponía en grave peligro su existencia. Venía en 1814 desde La Paz a Lima, en busca de trabajo y mejor fortuna, cuando estalló en el Cusco la revolución de los hermanos Angulo y Pumacahua. Se enroló entonces en la expedición destacada por ésta, con Hurtado de Mendoza y Béjar, sobre Huamanga y Huancavelica y por supuesto, tomó parte en varias de las mortíferas acciones de la época; hasta que, despedazada la rebelión en aquella zona, por las tropas de Gonzáles, pudo evadirse con rumbo al medio día y aún simular viva adhesión al rey. Panadero más tarde en Bellavista, prosperó en sus negocios y aun convertido en armador y traficante marítimo, como propietario de un buque mercante nombrado "San Felipe Nieri", fue su casa-panadería el lugar de reunión escogido por Gómez y sus conjurados, para salir de frente sobre los Castillos del Callao, que esos mártires-héroes se proponían asaltar. Siguieron a Juan Castro por diversos motivos, los patriotas: Esquicia, Ortiz, Zapata y Cabrera (sus nombres de pila no constan de relación alguna), el padre Zelasco, los hermanos Manuel y Antonio Solar; José Tejada, Bernardo Soffia, Mariano Fermín Rodríguez, Cirilo Trigueros, José Zárate; Antonio Baeza, Manuel de La Rosa (hermano de Pedro), Tadeo Borgoño, José Antonio Castro, Manuel Lastra, Miguel Arrescurrenaga, Juan Sarrio, Lorenzo Román González, Manuel Laiseca, Clemente Ramos, José María Quiroga, José Allende, Juan y Rafael Mancebo, Buenaventura Palma, José Hermenegildo Prieto, Camilo Mariátegui (hermano del mnemógrafo don Francisco), José Soto, Juan Bernales Sánchez, Carlos Quintana, Antonio Lesdael; los doctores Lucas Pellicer, Juan Sánchez, José Toledo, Manuel Fuentes y Manuel Antonio Valdizán; y nuestros grandes conocidos Martín Herreros, Manuel Señas, Fernando López Aldana, José Flores, Joaquín Campino, Manuel Escolano Concha y José de la Riva Agüero. Muchos de estos emigrados corrieron verdaderas y emocionantes odiseas. El futuro canónigo Pellifer, pasando mil sustos y trabajos "por en medio del ejército español situado en su campamento de Asnapuquio, tuvo el relevante mérito de haber llevado a Huaura el botiquín obsequiado por Guillermo Geraldino (el farmacéutico abnegado y generoso del hospital del Espíritu Santo), y pedido por el General San Martín para salvar a su ejército invadido por la epidemia (Album de Ayacucho, pág. 264). El correo patriota José Aguirre y el empleado de auditoría de guerra realista Manuel Señas, transmisor de constantes y copiosos datos, se escaparon por Chorrillos con destino a la escuadra patriota, puesta a precio su cabeza (Album de Ayac. Id., Id.). Por el mismo lugar, y protegido por el denodado Fernando Urquiaga, se puso a salvo José de la Riva Agüero (Anotaciones de Mariátegui, pág. 35 y Album cit. pág. 261) Infinitos peligros, enviado en comisión especial, tuvo que sortear el experto cifrador y descifrador de claves Manuel Falcón ; y fueron de un año entero los que pasó en Lima, de casa en casa y de calle en calle, hasta lograr evadirse, el noble panadero José Flores, jefe y refugio de los "deanes" o patriotas de "San jacinto".
 
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12. Las conspiraciones del Dr. Fernando López Aldana y su relación con la casa cuartel del General José de San Martín en la hacienda "El Ingenio" en Huaura.
El Dr. D. Fernando López Aldana, quien nació en Bogotá el 30 de mayo de 1784, fue alma y nervio de las conspiraciones limeñas y de las Sociedades Secretas. Su vida pública, según expresión del General San Martín, en carta escrita al General Simón Bolívar el 26 de mayo de 1821, fue una carrera de importantes servicios, riesgos, y fuertes compromisos por la causa de la libertad.
En 1812, en su plan de apresurar la insurrección general en el Perú, en una reunión de los patriotas, organizó la llamada "Sociedad Filantrópica" cuyo verdadero objeto era la financiación de un periódico que debía llamarse "El Satélite del Peruano" para suplir, en la difusión de las ideas liberales, al periódico "El Peruano", clausurado por el virrey don Fernando de Abascal y Sousa, y cuyo propietario el español Gaspar Rico, por sus simpatías hacia las ideas liberales y el haber escogido algunas producciones de López Aldana, había sido apresado y remitido a España "bajo partida de registro". López Aldana había estado ya en comunicación con el General en Jefe del Ejército de las Provincias Unidas del Río de La Plata, que actuaba en el Alto Perú, don Juan José Castelli y con la Junta de Buenos Aires por intermedio de doña Petronila Ferreyros y de doña Josefa Carrillo, Marquesa de Castellón, quien también se hallaba en relación con dicho general. El Virrey, por intermedio de sus secuaces, le seguía la pista a López Aldana y al editar éste un prospecto a manera de introducción a la próxima publicación del "Satélite del Peruano", lo mandó apresar y lo mantuvo incomunicado y con centinela de vista en un calabozo. Hubiera sido fusilado sino fuera por la acertada intervención, a su favor, de personajes muy influyentes, adictos a la Monarquía, accionados indirectamente por Gaspar Rico y por Baquíjano, quienes lograron así, después muchas dificultades y empeños, obtener su libertad. Apenas dejó la prisión, López Aldana, persistiendo con plausible tenacidad y evidente peligro de su vida en tan patrióticas tareas, editó "El Satélite del Peruano" del que sólo pudo sacar dos números por que el virrey Abascal impidió la salida del tercero. Infatigable en sus propósitos, superando las crecientes y diarias adversidades, López Aldana, sin dar tregua a su empeño, mantuvo comunicaciones, tan interesantes como arriesgadas, con el General San Martín que estaba a la sazón en Chile, con el General Belgrano que venía avanzando por el Alto Perú, y con Lord Cochrane, cuando por primera vez vino a nuestras costas. El General San Martín, apreciándolo en todo lo que valía y en lo mucho que había hecho y continuaba haciendo por la causa insurgente, lo nombró su Agente Secreto en Lima, autorizándolo que, bajo la garantía de su firma y en virtud del documento que al efecto le remitió, abriese crédito a los patriotas de la Capital, a fin de que por falta de fondos no se paralizaran las labores clandestinas de la insurgencia. Con el dinero reunido -varios miles de pesos en pocos días- y venciendo toda clase de obstáculos, López Aldana y sus colaboradores estimularon a muchas personas a dejar las filas del Rey y pasarse a las de la Patria; el pronunciamiento del batallón realista de "Numancia" en favor de la Independencia; así como los viajes de los correos marítimos y terrestres que envió repetidas veces al General San Martín, informándole detalladamente de la verdadera situación de la plaza y de la región, lo que fue de gran utilidad al Gran Capitán de los Andes en los preparativos de la Expedición Libertadora, antes de embarcarse hacia el Perú. Delatado por el regente Ansoátegui, a raíz del pronunciamiento del batallón "Numancia", que había sido acordado en la propia casa de López Aldana, éste fue perseguido por los esbirros del virrey y procesado como agente de San martín, teniendo, que ocultarse y salir de Lima, designando antes a don José Boqui, como su sucesor en la ardua y difícil comisión que tenía del General José de San Martín.
 
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13. La Casa Cuartel del General San Martín, en la hacienda " El Ingenio en Huaura"
Pero ninguna de estas evasiones, por lo numeroso y escogido de su personal, y por lo dramático de sus trajines y peripecias, igualó a la encabezada por el Dr. López Aldana. Hacia fines de diciembre de 1820 llevaron a cabo una evasión cuarenta y tantos independientes limeños, en unión del Dr. don Fernando López Aldana, que entre ellos iba a la cabeza.
Oigamos lo que, sobre este éxodo tormentoso, cuenta el apreciable y minucioso José Hipólito Herrera: "En virtud de la denuncia hecha por el regente -de la Audiencia- Ansoátegui, el virrey mandó procesar a López Aldana como espía y agente del General San Martín. Por esta razón tuvo que ocultarse el 22 de diciembre de 1820; y, antes de verificar su marcha de la capital, en donde no le era posible permanecer sin riesgo de su vida, delegó la comisión que tenía del General San Martín en don José Boqui, que antes había sido depositario de los 14,000 pesos -previamente reunidos-, dejando en poder de éste no sólo la suma que existía de dicha cantidad, sino los poderes del General San Martín y su carta de crédito. . . . . . ".
A fines de diciembre del mismo año, López Aldana, en reunión de una partida considerable de oficiales, soldados y paisanos, en número de cuarenta y tantos, emprendieron su marcha hacia el Ejército Libertador, saliendo López Aldana, un poco antes del anochecer, disfrazado de militar español, con bigotes que al efecto se había dejado crecer; y así pasó por las calles más públicas hasta la Portada de Guadalupe que era el punto acordado de reunión. Fueron de la partida los señores: Urizar, Relaiza, Flores, Valdizán, etc., emprendiendo su marcha por el camino de Cieneguilla. A los dos días de viaje, en que caminaron día y noche sin parar, se incorporaron a dos montoneras mandadas por los patriotas Acuña y Fresco, de este modo se formó una columna de más de cien hombres. Esta peregrinación duró trece días hasta Retes.
El riesgo de caer en manos de los españoles fue tan próximo, que dos días seguidos se vio la partida de los patriotas casi cortada, a tiro de fusil, por otra del ejército español mandada por el coronel Pardo........... Al llegar a Retes, el 13 de enero de 1821, nuevos peligros, pues fue, casualmente, el mismo día en que el General San Martín lo había abandonado, marchando con todo el Ejército Libertador con dirección a Huaura; y, en consecuencia, el español había avanzado hasta aquel punto.
Así es que la partida de los patriotas sólo pudo escapar de caer en manos de éste, por haber estado todo un día y una noche sin parar un momento, desde Palpa -Huaral- hasta Sayán. Allí fue donde, por primera vez, se presentó López Aldana con sus compañeros al General San martín, quien, así como todos los jefes y oficiales de su ejército, los recibieron con las muestras de la mayor estimación.
A estas evasiones de patriotas capitalinos siguieron otras muchas, colectivas o singulares, que llenaron el Cuartel General de Huaura de paisanos devotos de la autonomía, procedentes ya no sólo de Lima, sino del Norte del Perú y aún del Sur.
En un sólo día, el 24 de enero de 1821, se presentaron en Huaura más de cien individuos de Lima, de todas clases , que inmediatamente empezaron a prestar servicios concordes con su calidad, conocimiento o profesión, procurando así ser útiles, de cualquier modo, a la causa que sostenían .
Más adelante veremos incorporarse, en la división de Miller, despachada a puertos intermedios (13 de marzo de 1821), a multitud de patriotas del mediodía; tales como el futuro gran mariscal don Miguel de San Román, hijo del mártir puneño de ese apellido (apresado en la batalla de Umachiri y mandado fusilar por el virrey Pezuela, en presencia de su hijo Miguel). El tacneño Dr. don José Antonio Julio Rospigliosi y otros.
Y mucho antes, de los pueblos libertados del Norte, habían también acudido a Huacho y Huaura, unos por tierra otros por mar, patricios denodados como los Lizarzaburu (José María) y los Cárdena de Trujillo (Miguel Y Mariano); los Plascencia de Cajamarca (Antonio y Juan); el chachapoyano Manuel Rubio; los lambayecanos Pedro Haro, Juan Manuel Iturregui (después general), José María Lastres (fusilado por Vivanco), Pascual y José del Carmen Saco, etc., etc.
 
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14. Otras importantes evasiones realistas; que día a día engrosaban las filas del Ejército Unido Libertador del Perú en su Cuartel General en Huaura.
Un sinnúmero de conversos -no "tránsfugas"- como los llamaban los españoles, por que no lo son quienes, repudiando la propia servidumbre, quieren y logran lidiar por su patria, por la libertad y la autonomía- abandonaron por ese tiempo las filas del rey, para enrolarse en las del General San Martín.
Digna de esa mención es la defección practicada, el 5 de noviembre de 1820, por el noble y generoso cabo de la escuadra Manuel Alomí, aquél que, hallándose de guardia en las casas matas del Callao, salvó la libertad y la vida del bravo marino John Brown, comandante del corsario "Maipú", capturado, con éste, el 17 de octubre de 1818, frente a las islas de Chincha. Después de preso, juzgado y sentenciado a muerte, Alomí, indultado por Pezuela, había sido dado de alta en el "Numancia", batallón del cual desertó en la noche del día mencionado, para ser, como fue, ascendido a sargento por los patriotas y puesto en las filas del batallón N° 8 de los Andes, que mandaba a la sazón el coronel argentino don Enrique Martínez.
A principios de diciembre de 1820, se pasó con sus soldados, el capitán don Martín Vargas; y, como dice Paz Soldán: "diariamente aumentaban las filas del Ejército Patriota, con los que se desertaban del rey, sin que los amedrentaran la orden general de fusilar a todos los pasados que cayeran prisioneros”.
El 5 de diciembre fue tan notable la deserción, que los jefes realistas hubieron de extremar la vigilancia y ratificar la publicación de las medidas y amenazas severas. La desconfianza y el espionaje contra los jefes peruanos tomaron caracteres tan odiosos, que resultaron contraproducentes.
Un caso de ellos: el comandante cusqueño don Agustín Gamarra y Messía, fue separado del batallón "Unión Peruana" y mandado como edecán del Virrey Pezuela. El jefe desposeído, que en 1814 apareció complicado en la rebelión de Moraya, promovida por el coronel argentino (de Salta) Saturnino Castro, pensó primero en resistirse a la entrega de su cuerpo; pero después resolvió ceder y pasarse, como veremos . El mismo día que el virrey anunciaba al futuro gran mariscal y dos veces Presidente del Perú, su deseo de tenerle más cerca, de edecán suyo (8 de diciembre de 1820), treinta y ocho oficiales realistas, todos, por su puesto, americanos de nacimiento, y varios cadetes de ese ejército, "se escaparon de Lima y pasaron al servicio patriota, presentándose a los puestos de avanzada de Chancay.
Siguieron otras interesantes evasiones
Como la de los generales de suerte y gloria, Castor y Pólux, Pílares y Orestes de la peruana revolución, los entonces capitanes Pedro La Rosa y Manuel Taramona, destinados por San Martín a la Legión Peruana de la Guardia, organizada a la sazón.
Y así fueron, sucesivamente, incorporándose en las filas independientes, unos para morir denodadamente en defensa de la patria, otros para alcanzar la figuración en su seno: Pedro Bermúdez, José Litardo, José María Noboa, José Ríos, los hermanos Francisco y José Antonio Alvariño, Marcelo Granados, Sebastián Peña, José María Sagasti, Felipe Hurtado, Mariano García Robledo, Juan Basilio Cartagena, Nicolás Rivas, Francisco Guerrero, Patricio Ginés, Plácido Días Arenas, Lorenzo Celis, Casimiro Torres, Mariano Zamora, José Miguel Pérez, Manuel Millán (argentino), y otros cuyos nombres han sido desgraciadamente olvidados.
Vino de Lambayeque y Trujillo a tomar servicio, el oficial don Antonio Gutiérrez de la Fuente, rendido, el 27 de diciembre de 1820, en la primera de aquellas poblaciones, al heroico grupo de los Saco y los Iturregui, los Quesada y los Leguía, que en la fecha indicada, fusil en mano, proclamaron su libertad e independencia.
Gamarra y su gran sagacidad: a fines de diciembre de 1820, como ya se ha expuesto al tratar la numerosa y asendereada evasión que encabezaba el Dr. Fernando López Aldana, hizo la suya el coronel Gamarra, en unión de militares tan apreciables como Juan Bautista Eléspuro (quien falleciera en la batalla de Yungay, al caer gravemente herido de bala), José Miguel Velazco, Marcelino Carreño, J. Urízar y otros. Eléspuro y Velazco acompañándose de "varios soldados y clases de su regimiento" (Album de Ayacucho, pág. 269).
Y, por lo que hace a Gamarra, consta que si la caravana de López Aldana, Campino y demás "forasteros", puesta en inminente peligro, varias veces, por la persecución tenaz que de ella hicieran las partidas españolas, logró escapar con buena ventura de las garras de éstos -muy especialmente de la columna comandada por el coronel realista Pardo- ello se debió, únicamente, a la "buena dirección y sagacidad" del coronel cusqueño", que hizo cortar unos puentes y engañó a los enemigos con diversos movimientos" .
 
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15. El joven Felipe Santiago Salaverry del Solar, es recibido efusivamente por el General San Martín, en su Casa Cuartel de la hacienda "El Ingenio" en Huaura.
A la incontenible caravana de emigrados y conversos, seguía inevitable, a su vez, un largo cordón de voluntarios. Jóvenes de todas clases, entusiasmados por la propaganda, cada día mayor, más audaz y más ferviente, de las ideas revolucionarias, ya envueltas en el nimbo de gloria de los flamantes éxitos; y tanto más atrayentes, cuanto más expuestas a los peligros del martirio y de la brutalidad abandonaban el hogar paterno y corrían a enrolarse en los cuerpos del Cuartel General en Huaura. Entre estos voluntarios, merece mención especial, por las extraordinarias circunstancias en que hizo su presentación, y la figuración, tan extraordinaria cuanto discutida, que alcanzó más tarde, el impetuoso adolescente Felipe Santiago Salaverry Del Solar, que nacido en Lima el 3 de mayo de 1806 (R. Vargas Ugarte dice que nació el 6), contaba a la sazón poco más de catorce años. Fue hijo de Felipe Santiago Salaverry, un ex-contador de rentas del estanco de tabacos de Arequipa y de la distinguida dama limeña doña Micaela del Solar; educado medianamente -pues no llegó a acabar su instrucción- en el colegio de San Carlos, primero y en la escuela de San Fernando después; discípulo de Paredes y de Heredia, que recordaban siempre su viveza y su precocidad. Activo, inquieto, dominante; dotado viva fantasía; violento, silenciosos y exaltado, indudablemente, de una temprana neurosis, congénita y quizá si atávica; y contagiado, en los claustros carolinos y fernandinos, de la propensión rebelde y la propaganda revolucionaria de esos tiempos, nuestro compatriota no pudo resistir a la tentación de lidiar, que fue su distintivo, y de lidiar sobre todo, por la Patria. Una noche, se evadió de la casa paterna (8 de diciembre de 1820), se aventuró entre las tinieblas, por sendas y campos, cayendo aquí, oteando allá; rehuyendo los encuentros que, a cada paso, le ponían en situación de ser aprehendido por los destacamentos realistas, vigilantes de las cercanías; "perseguido muy de cerca" , avanzó decididamente, camino del campamento patriota en Huaura; y acompañado luego por otro joven revolucionario, José María Quiroga, limeño como él, logró al fin poner pie en el puente de Pasamayo, y allí tropezar con el Alférez peruano de caballería Agustín Lerzundi, que, con una pequeña fuerza patriota, daba guardia a ese punto de comunicación peligroso y batía de avanzada . Seguro ya en su temprana aventura, y recibido efusivamente en la casa de la hacienda el "Ingenio", morada de San Martín, fue, con su compañero de fatigas, dado de alta, el 15 de diciembre, como cadete y soldado distinguido en el batallón "Numancia" y luego pasó de teniente a la Legión Peruana. El 21 de abril de 1821 iniciaba el joven Salaverry su larga serie de campañas bélicas, saliendo, con el cuerpo a que ya pertenecía, hacia la sierra del Perú, en la segunda expedición de penetración de Arenales. Hizo la campaña a Intermedios con Rudecindo Alvarado y también la segunda, a órdenes de Santa Cruz. En 1824, como capitán, hizo la campaña de Ayacucho. Siguiendo luego al ejército que invadió Bolivia y llegó hasta Chuquisaca, en donde el año 1825 fue nombrado sargento mayor. En 1828, fue nombrado segundo jefe del batallón N° 9 y sofocó la rebelión de Huavique. En la guerra con Colombia actuó como ayudante de La Mar, y al ser depuesto este en Piura, Salaverry se separó del servicio. En 1831 Gamarra lo nombró subprefecto de Tacna, don contrajo matrimonio con doña Juana Pérez, etc.,.....Fue fusilado en la Plaza de Arequipa el 18-II de 1836, respondiendo de este modo Santa Cruz a su decreto de guerra a muerte.
Juan Antonio Pezet: Así como el joven inquieto Felipe Santiago Salaverry, merece igualmente mención especial la presencia de Juan Antonio Pezet; quien nació en Lima en 1809 y llegó a ser Presidente de la República. Inició sus estudios en el Convictorio de San Carlos, pero los interrumpió para presentarse ante el General San Martín en su cuartel general en Huaura, el 10 de mayo de 1821. Siendo admitido como cadete, participó en la entrada a Lima y el primer sitio del Callao; ascendido a subteniente, pasó a integrar la Legión Peruana, con la cual concurrió a las batallas de Torata y Moquegua durante la 1ra Expedición a Intermedios, y a la de Zepita durante la 2da.; y promovido a teniente, participó en las decisivas batallas de Junín y Ayacucho, etc.
 
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16. El Batallón Numancia
Don Ruperto Delgado vino al Perú, como comandante del primer batallón del Regimiento de Numancia, colocación que tenía desde 1816. Este cuerpo en su origen fue formado en la ciudad de Barinas el año 1813 por el teniente coronel don José Yáñez. A la llegada del ejército expedicionario mandado por el teniente general don Pablo Morillo se formaron varios cuerpos de línea con las bases de los que existían en el país. Numancia fue uno de ellos; y quedó organizado como regimiento de tres batallones a órdenes del coronel don Sebastián de la Calzada, después brigadier. Morillo había retenido en su ejército una división de España con destino al Perú a cargo del brigadier don José de Canterac; y a causa de esto le dirigió reclamaciones el Virrey del Perú don Joaquín de la Pezuela, y la solicitud posterior de tropas en auxilio de este reino. Es más que probable que Morillo hubiese tenido prevención del rey para enviarlas, y así dispuso la marcha del primer batallón de Numancia que se encontraba en Popayán, fuerte de 1500 hombres. Su venida fue anunciada por algún tiempo, pues tuvo que vencer un camino de centenares de leguas, atravesando territorio de la Nueva Granada y del reino de Quito. La entrada en Lima del batallón de Numancia el 6 de julio de 1819 avivó mucho las esperanzas de los realistas. Había dejado en Paita su 5° Compañía mandada por don Blas Cerdeña -quien el 1° de julio de 1816 obtuvo los despachos de capitán expedido por el general Pablo Morillo-, con motivo de las hostilidades de la escuadra Argentina que obedecían al Comodoro Brown. También quedó de guarnición en Trujillo la 2° compañía con su Capitán Pineda. Esta apoyó el pronunciamiento de esa ciudad a fines de 1820, proclamándose la independencia por el brigadier Intendente Marqués de Torre Tagle. Pineda prisionero fue fusilado en Lima un año después, cuando emprendió la fuga y se le tomó en ella. No había en el ejército cuerpo alguno de infantería que pudiera compararse con el Numancia. Trajo crecida fuerza de jóvenes robustos, y en lo general de buena estatura; con una instrucción inmejorable y una destreza nunca vista en los ejercicios de fuego; bien uniformado y con adornos de plata en su banda y en los morriones de sus brillantes campañas de preferencia. Un día de simulacro en Lima los fuegos de este batallón admiraron de tal modo, que el coronel del regimiento del infante, don Juan Antonio Monet, se dirigió al comandante Ruperto Delgado elogiando el armamento, y éste le contestó, "que eran superiores a él los que lo manejaban". Casi todos los oficiales eran venezolanos y granadinos, habituados como la tropa a penosas fatigas en la larga guerra sostenida en aquellos países. Nunca en sus dilatados servicios en Colombia habían intentado cosa alguna en favor de la libertad americana; algunos de los capitanes eran muy conocidos por su adhesión a la causa española, y aún habían sido miembros de un tribunal de purificación. Pero estando en Lima se empeñaron varios oficiales en combinar los medios de hacer un gran servicio en la contienda abierta con la venida del ejército mandado por el General San Martín. El principal de ellos fue el capitán venezolano Nicolás Lucena a quien, estando agregado al cuerpo, se le dio la 6° compañía a solicitud del comandante Delgado. Rodeaban a Lucena los oficiales subalternos Guasch, Izquierdo, Alzuro, Alcina, Campos, etc. Fomentaban sus ideas algunos sujetos que se pusieron en relación con ellos, porque trabajaban secretamente y de acuerdo con el General San Martín. En breve llegaron a trascenderse los proyectos que estaban en embrión, y el gobierno que los penetró, dispuso la prisión de aquellos y los hizo encerrar en la fortaleza principal del Callao. De allí consiguieron fugar, y en Lima les ocultaron las mismas personas con quienes celebraban sus acuerdos. El Dr. Fernando López Aldana los fue mandando al ejército del General San Martín; y también protegió la ida de otros individuos que servían en clase de tropa, como Cuervo, Bustamante, Torres y otros, que por pena estaban en el batallón, habiendo sido oficiales en los cuerpos independientes de Costa Firme. El capitán don Carlos Ortega estuvo también ligado a Lucena, pero su complicidad pasó desapercibida. Parecía cortado del todo el mal que habría podido esperarse, y así lo creyó el comandante Ruperto Delgado, más como advirtiese que se desconfiaba de su batallón, tuvo explicaciones con el virrey, y fundado en la moralidad y estricta disciplina de aquél, rechazó toda idea opuesta a sus convicciones, según las cuales garantizaba la consagración al servicio del rey de cuantos le obedecían. El general García Camba, entonces comandante del escuadrón Dragones del Perú, había dirigido al virrey Pezuela el 17 de agosto de 1820, una exposición relativa al estado poco lisonjero del ejército en cuanto al personal de los cuerpos y su estado de instrucción. En ese papel tratando del batallón de Numancia dijo: "hallarse desatendido en sus necesidades y que no se le hacía el aprecio a que era acreedor, pues por estar habituado a una guerra tan sin igual como la de la Costa Firme, debía ser la columna de apoyo del gobierno" ........ terminó con estas frases: "¡Qué de sospechas me hacen recelar de su actual entusiasmo!". Los particulares que en Lima trabajaban ardientemente por la independencia, lejos de desanimarse, se entendieron con algunos otros oficiales de Numancia, notables por su capacidad e influencia, y se ocuparon de trazar el modo de que aquel bizarro batallón se desprendiera íntegro del ejército español reanimando así los patrióticos deseos de los peruanos, y aumentando el poder de las huestes auxiliares que capitaneaba el infatigable y discreto General San Martín. Sus corresponsales de Lima le dieron a saber una novedad de tan alta trascendencia como la que se premeditaba, y que había en la capital quienes abrirían sus arcas para hacer cualquier gasto que la empresa demandase. El mismo García Camba en sus "Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú", refiere que el batallón Numancia fue destinado a formar la vanguardia del ejército acampado en Aznapuquio; "y que este puesto lo había pedido su jefe don Ruperto Delgado para desmentir noblemente la mala opinión de algunos de sus oficiales. Pero si esto era así, ¿cómo podría admitirse que en caso de duda se hiciese una prueba riesgosa, hasta el punto de dejar a ese cuerpo avanzado sin otro alguno de infantería, y unido sólo a dos escuadrones? El coronel don Jerónimo Valdés Jefe de la vanguardia se adelantó a Chancay con el escuadrón Dragones de la Unión, el 2° de Dragones del Perú y la compañía de cazadores de Numancia. Los Dragones de la Unión fueron allí arrollados por una fuerza de cazadores montados de los Andes, mandada por el capitán Federico Brandzen; y en su fuga los apoyó y salvó la citada compañía de Numancia, que protegió también al escuadrón Dragones del Perú. El virrey reforzó la vanguardia con los batallones Arequipa, 2° del Infante y dos piezas de artillería. Valdés marchó a situarse en Chancayllo, y cuando iba a moverse sobre Sayán, recibió la orden para que dichos batallones regresasen a Aznapuquio con los Dragones de la Unión. Sabedor Valdés de que existía en Pescadores una partida de Granaderos a caballo de los Andes, la atacó por dos puntos con los Dragones del Perú que la sorprendieron. En esta contienda, fue la hazaña del joven teniente don Juan pascual Pringles. Al replegarse Valdés de Chancay al cuartel general, se le incorporó otro escuadrón de Dragones del Perú con el teniente coronel Landázuri, y sin embargo de que dos o tres oficiales de Numancia se marcharon al ejército contrario, se anticipó con la caballería y dejó a su retaguardia al batallón, sin que le alarmara aquel síntoma de peligro. El escritor García Camba se encontraba presente; y cualquiera podría inferir, que el adelantarse con los Dragones y una sección de artillería para forrajear en Trapiche Viejo, acaso tendría el objeto de precaverse de cualquier suceso. Así los cargos hechos al virrey por esos mismos jefes, podrían recaer también sobre ellos. Valdés había pedido que Numancia ocupara la vanguardia, y al comunicárselo al comandante Delgado, le dijo que el virrey se negaba a ello por desconfianza. ¿Cómo escribió pues Camba que Valdés ignoraba hubiese tales recelos? Este batallón quedó con la orden de descansar al pie de la cuesta de Huacho para seguir su retirada en la noche. Se detuvo unas horas más a instancias de los capitanes que acordaron emprender su marcha allí mismo para unirse al Ejército Libertador. Antes de la madrugada del 3 de diciembre de 1820, el capitán don Tomás de Heres comunicó el movimiento que debía efectuarse, al comandante Ruperto Delgado con quien tenía amistad íntima, y le invitó e instó para que él lo encabezase. La repulsa de Delgado fue tan terminante, que se convino en ir preso renunciando a la libertad que le otorgaban los oficiales para que se volviese a Lima; uno que otro oficial corrió la misma suerte que el comandante. El batallón pasó a Chancay y allí se embarcó en los transportes que estaban preparados para recibirlo y llevarle al Cuartel General de San Martín. Valdés por unos prófugos que llegaron a Trapiche Viejo supo tan infausta noticia, pero no marchó en persecución del batallón y continuó su repliegue al cuartel general. Los capitanes que tenía Numancia a su venida al Perú fueron: don Miguel Letamendi primer ayudante, don Francisco Jiménez de la Compañía de Granaderos, don Luis Urdaneta de la 1°, don José Pineda de la 2°, don Miguel Delgado de la 3°, don Carlos María Ortega de la 4°, don Blas Cerdeña de la 5°, la 6° vacante y cazadores don Tomás de Heres graduado de teniente coronel. Jiménez marchó a Quito con licencia. El virrey Pezuela dio a la compañía de Granaderos al teniente coronel graduado don Ramón Herrera, cuya colocación resistió a varios oficiales que pidieron separarse del cuerpo, tales como Letamendi, Urdaneta y el teniente don León Febres Cordero, quienes dados de baja consiguieron pase a Guayaquil y allí fueron colaboradores de la revolución de aquella provincia en favor de la independencia. Los principales autores del movimiento hecho por el batallón fueron: don Tomás Heres, que tomó el mando y don Ramón Herrera, el cual en el último momento redujo al capitán Cerdeña a seguir la voluntad del cuerpo. Todos los demás oficiales se prestaron con el mayor entusiasmo a un suceso que llenó de pavor a los realistas y de satisfacción y contento a los patriotas que en Lima arrostraron peligros, que habían promovido y fomentado la separación de Numancia del ejército español. En primera línea figuraron en aquel grandioso plan los doctores don Fernando López Aldana, don Francisco Javier Mariátegui, don Joaquín Paredes, algunas señoras, que como otras personas cooperaron respectivamente, y don José Mansueto Mancilla que empleó recursos de dinero suyo para algunos gastos, y creemos que no le fue reintegrado o reconocido después en su totalidad. El General San Martín recibió bondadosamente al comandante don Ruperto Delgado, el cual se dirigió a Chile; nombró a Heres Coronel del batallón Numancia, a Herrera Teniente Coronel y a don Miguel Delgado Sargento mayor.
El historiador García Camba se expresa en los términos siguientes (Tomo 1°, página 355).
"La deserción del batallón de Numancia, único de su arma que se dejó en la vanguardia, cuando era notorio, y al virrey se le había representado el mal espíritu de la mayor parte de su oficialidad, servía de grave apoyo a las conjeturas, fomentadas probablemente de intento por los interesados en la desunión de los leales. Pero la justicia con que se desconfiaba de la oficialidad del Numancia, y las desastrosas consecuencias de la pérdida de este cuerpo, han sido confirmadas por los mismos enemigos". El 3 de diciembre dice, Mr. Sttevenson: el batallón de Numancia con 650 plazas dejó el servicio del virrey de Lima para pasar al de la patria, y se unió a un destacamento del Ejército Libertador enviado a su encuentro a Retes en el valle de Chancay. Precedentemente había habido al efecto una correspondencia secreta entre sus oficiales y San Martín. La pérdida de una parte tan importante del ejército real, fue muy sensible a Pezuela y a todos los españoles de Lima, y vino a servir de refuerzo muy considerable al Ejército Libertador.
D. Ruperto Delgado recibió el grado de coronel en diciembre de 1819, con ocasión de los ataques hechos al Callao en aquel año por la escuadra chilena mandada por Lord Cochrane. Remitido a Chile en 1820, regresó en 1824 y al año siguiente viajó a España.* *(Diccionario Histórico y Biográfico del Perú. Tomo IV, págs. 364-8).
 
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17. El Puente de los Pecadores ("El Puente de Huaura")
Antes de entrar de lleno en la tradición del puente de Huaura, la villa favorita de dos Santidades Republicanas con entorchados de general (San Martín y Santa-Cruz), aprovecho la oportunidad para consagrar pocas líneas a la historia de la fundación de su "conventillo franciscano", hoy en ruinas, pero en cuyo claustro celebró sus sesiones cierta Asamblea Legislativa de "triste recordación". El Capitán don Gonzalo de Heredia y Rengifo, descendiente de un conquistador, a poco de haber contraído matrimonio con doña Catalina Núñez de Vela, deuda del infortunado virrey de ese apellido, fue asesinado una noche en la calle de Huaura, sin que la justicia alcanzase a descubrir al matador. No habiendo dejado hijo que lo heredase, su cuñado don Fernando de Izaga y Meneses se creyó con derecho a la hacienda del difunto, y entabló pleito a la viuda; más aunque doña Catalina acusó a Meneses de haber sido el asesino de su marido, no pudo presentar prueba clara; y don Fernando, que pertenecía a la familia del Conde de Cifuentes y de la Princesa de Eboli (la célebre tuerta que tan al retortero trajo el sombrío Felipe II, haciéndolo cometer calaveradas de mozalbete), fue absuelto en todas las instancias. Iba ya a declararse en favor de don Fernando la herencia, cuando una mañana, limpiando doña Catalina los cuadros que adornaban las paredes de su sala, descubrió en la juntura de un lienzo que representaba al Seráfico un legajo de papeles, y entre otros de importancia, encontró un testamento en toda regla, firmado por Heredia quince días antes de su trágica muerte. El Capitán tendría algún barrunto de lo que iba a sucederle, y procedía recordando lo de "hombre prevenido nunca fue vencido". Heredia, que por su madre doña Graciana Rengifo, era Patrón del colegio máximo de San Pablo, en Lima, dejaba el quinto de su fortuna a la viuda, un buen legado a los Jesuitas, y el resto, "que excedía de cien mil duros, para la fábrica del conventillo de San Francisco" con holgada renta para manutención de los frailes y sostenimiento del culto. Tan en forma está el testamento, que no hubo rábula que se atreviera a meterle diente, prestándose a patrocinar la pretensión de Meneses, quien tuvo que morderse la punta del bigote y tragar saliva. Sí él fue el asesino, arrastrado por la codicia de la herencia, no sacó de su crimen el provecho que se prometía. A principios del siglo XVII, y para comodidad de los que viajaban de Lima a la costa-abajo, como decían nuestros abuelos al referirse a los valles situados al norte de la capital del virreinato, se construyó sobre el río Huaura un puente de un sólo arco, el cual descansaba por un lado sobre unas peñas del cerro de Chacaca, que está a la entrada de la villa, y por el opuesto, en una enorme piedra cerca de Peralvillo. Para poner la villa a cubierto de las correrías de los piratas, que en una de sus incursiones habían talado Huaura, dando muerte al acaudalado vecino don Luis de la Carrera, se hizo una portada al extremo del puente, y sobre ella se colocaron dos bombardas o cañones de poco calibre. Que no debió ser obra muy sólida la del puente, lo prueba el que, en 1785, el Subdelegado don Luis Martín de Mata, constructor también del puente del río Santa, emprendió repararlo con erogaciones pecuniaria de los agricultores del valle. El Subdelegado llevó a buen término su empresa: más algunos vecinos, enemistados con la autoridad, se echaron a decir que la refacción estaba mal hecha, y que el puente amenazaba derrumbarse el mejor día. A la cabeza del bando oposicionista y asustadizo estaba don: Ignacio Fernández Estrada, hacendado influyente, quien obtuvo del virrey, licencia para construir un nuevo puente sin gravamen del real tesoro, pero concediéndosele, durante treinta años, el derecho de cobrar medio real de peaje a cada persona, y un real por cada acémila. Como era natural, todos prefirieron el pasaje gratis por el puente antiguo, y esto no hacía la cuenta al concesionario Fernández Estrada. Yo no sabré decir cómo se las compuso este caballero; pero lo positivo es que un domingo, antes de dar principio a la misa, leyó el cura a los feligreses un pliego Arzobispal, por el cual su ilustrísima declaraba en pecado mortal a todo el que se arriesgase a pasar por el antiguo puente; pues con deliberada voluntad se ponía en flagrante peligro de muerte, o lo que es lo mismo, se colocaba en idéntica condición a la del suicida. Si ello hubiera sido mandato gubernamental, de fijo que todos los vecinos se habrían confabulado para no traficar por el puente nuevo. Pero eso de comprometer, no la pelleja, sino la salvación eterna, era ya cantar distinto. Que sufra el bolsillo y no sufra el alma, dijeron a una los feligreses. Y Fernández Estrada empezó desde ese día a hacer caldo gordo con los maravedises que cobraba por derecho de peaje. ¡Ay del desventurado que se hubiera atrevido a poner la planta en el puente viejo o puente excomulgado! Los muchachos lo habrían apedreado por mal cristiano, y hereje y Francmasón, que ya por ese año la Gaceta decía que la Revolución Francesa era obra exclusiva de unos hombres diabólicos que habían creado una secta infernal, bautizándola con el nombre de masonería. ¡Pero fíese usted de puente favorecido con la bendición archiepiscopal! En 1810, en momentos en que caballera en una mula regresaba una india para el caserío de Végueta, se antojó al puente nuevo decir: -aquí di fin- y se derrumbó con estrépito. La pasajera se encomendó a la Virgen del Carmen, y en vez de dar en el río, se encontró sana y salva, junto con su mula, en la banda opuesta. En memoria de la milagrosa salvación de la india, se levantó en ese sitio una capilla dedicada a la Virgen del Carmen, y a la cual la devoción popular obsequia constantemente con cirios. El puente viejo, o sea el puente de los pecadores, se conserva sin haber dado todavía un susto a nadie; aunque la municipalidad no debe abrigar en él mucha confianza, pues a un hacendado que, en 1872, solicitó permiso para el tránsito de una maquinaria que pesaba cuatro toneladas, le exigieron que afianzase previamente el valor del puente.
 
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18. Dos ilustres hijos de Huaura Coronel Pedro Portillo Silva y Dr. Agustín Gamarra Dulanto
Todos los seres humanos tenemos un gran compromiso frente a la historia. En la historia siempre estarán sus dos elementos constitutivos y permanentes: el hombre y el tiempo, por que hay una dimensión esencial del hombre que lo vincula de modo inevitable con el tiempo, esa dimensión se llama historiedad y por eso podemos decir que "El hombre es un ser histórico"
• Coronel Pedro Portillo Silva
Nació en la Villa de Huaura el 1° de Agosto de 1856, (Informe: Escalafón General del Ejército); y falleció el Jueves 15 de Junio de 1916, en la Calle Patrocinio N° 20, Lima-Perú. (El dato histórico, del historiador don Jorge Basadre, especifica que el coronel Portillo Silva, vio la luz primera en Huacho, pero esto como provincia. El distrito que fue cuna de nacimiento del coronel don Pedro Portillo Silva fue y es Huaura). Se incorporó al ejército cuando Chile formuló su declaratoria de guerra (5-IV-1879). Participó en las batallas de San Francisco (19-XI-) y Tarapacá (27-XI-1879); y en la epopeya de Arica (7-VI-1880); y en la resistencia organizada contra la invasión chilena. Cuando Pedro Portillo Silva nació, era presidente del Perú el general Ramón Castilla. Ese mismo año el presidente Castilla había prácticamente fundado en el río, la selva, la historia, y leyenda, a Loreto departamental. Curiosa coincidencia si consideramos que años después el coronel Portillo Silva fue uno de los más decisivos promotores del progreso del Nor-Oriente peruano, descubridor de sus inexploradas rutas fluviales y que consolidando límite y la peruanidad de sus territorios, ha sido y es uno de los más auténticos creadores del futuro de nuestra Amazonía. Tal vez para muchos "un ilustre desconocido". El coronel Pedro Portillo Silva, sobrevive a un destino aventurero y aciagamente terminado, entregando la maravillosa heredad de su nombre y su obra, para que sea la Provincia Secular y a la vez Principal del Departamento de Ucayali: Coronel Portillo. ". . . . El coronel Portillo, fue uno de los más decisivos promotores del progreso del Nor-Oriente peruano. Descubridor de sus inexploradas rutas fluviales. . . . . . . . consolidando límites y la peruanidad de sus territorios. . . . . . ".
La Provincia Coronel Portillo
La extensa Provincia que cruza el Río Ucayali engrosando el caudal en la medida que avanza aguas arriba, lleva el nombre del ilustre peruano: el Coronel Pedro Portillo Silva. A más de combatiente, autoridad y viajero, fue un visionario. Un descubridor de horizontes ya que afirmó más allá de la quimera, -tras la espesura de la manigua, la hostilidad de los climas, la turbulencia de los ríos- la superficie real y física de la Amazonía. Por que se debe, sobre todo, a Pedro Portillo Silva, el ensueño magistral de reafirmar sobre el terreno, señalando hitos, las extensiones de nuestra selva que se debatía en tratados internacionales. Su terco patriotismo, su ilimitada vehemencia, su porfía, lo impulsaron a defender aquello que él decía es peruano desde los orígenes de la personalidad, Suelo, y bosque, río y cielos del Perú. Gran constructor de este país, Pedro Portillo Silva hombre culto e ilustre, estadista emprendedor y honorable, pujante promotor de empresas materiales y espirituales, no es notoriamente conocido.
El Historiador Jorge Basadre, sin embargo, le dedica dos capítulos de su "Historia de la República", no sólo para recapitular sus gestiones en la Prefectura de Loreto y Ayacucho sino su intervención como Ministro de Fomento, resaltando sus dos gestiones, durante los años de 1891 a 1896 y luego en 1901 a 1904. Fue sabia y afirmativa su administración de tan vastos como enmarañados territorios.
El Historiador Dr. Raúl Porras Barrenechea, señala que el Coronel Portillo fue: "El gran coordinador de las investigaciones de la inmensa red de los planos del curso de los ríos a base de observaciones astronómicas y formando con ellos un Mapa General del Perú (1906) y el Atlas de Loreto (1908), que prestigian la Cartografía de su época". Entre sus colaboradores aparecen los marinos Pedro Buenaño, Oscar Mavila, Enrique Espinar, Numa Pompílio León, Germán Stiglich, Zavala, Donayre, R. Rossel, Kruger, el explorador Hassel y los Cartógrafos Rafael Baluarte, Camilo Vallejos y Carlos Hoempler. Pedro Portillo puso las bases del conocimiento científico de la Hidrografía Amazónica, a la vez que los hitos de la posesión peruana en todos los afluentes septentrionales del río Marañón. "A más de combatiente, autoridad y viajero, Pedro Portillo fue un visionario descubridor de horizontes. . .".
De otro lado, el Dr. Víctor Andrés Belaúnde afirma, "Que Pedro Portillo Silva no sólo fue un administrador progresista y celoso, sino el valiente explorador de casi todos los ríos de la región, entre ellos el Marañón, Ucayali, Amazonas, Putumayo, y Yurúa y el Pachitea, el Tigre, el Morona, y el Pastaza. El puso su despacho Prefectural en los vapores, las balsas y canoas que remontaban para tomar directo conocimiento de la realidad de aquellas comarcas". El Coronel Portillo, fue uno de los sobrevivientes del Combate de Arica el 7 de Junio de 1880. En 1891 siendo presidente de la República el general Remigio Morales Bermúdez, Pedro Portillo estuvo un año ocupando la Cartera de Fomento; cargo al que regresó en 1906, siendo presidente del Perú Don Nicolás de Piérola.
• Dr. Agustín Gamarra Dulanto * Ilustre hijo de la Villa de Huaura
Nació en Huaura, el 1° de Mayo de 1867. Falleció en la capital el 23 de noviembre de 1934, a los 67 años de edad. Tomó parte activa en la batalla de Miraflores, -durante la invasión chilena-, combatiendo a la edad de 14 años en defensa de la integridad territorial y de la Dignidad Nacional, resultando gravemente herido. Terminado sus estudios en la Facultad de Medicina el año 1890, inmediatamente de obtener el título correspondiente a Médico Cirujano, fue nombrado por designación especial del entonces Presidente de la República, coronel Remigio Morales Bermúdez, con el alto grado de Sargento Mayor de Sanidad, Cirujano del Batallón "Callao", sirviendo con igual grado en el Batallón "Zepita" hasta el año 1894 en que fue deportado a Bolivia por asuntos políticos. A su retorno de dicha república, tomó parte activa en el movimiento revolucionario que tuvo lugar un año después, tocándole desempeñar destacada actuación en la toma de la ciudad de Arequipa, el 27 de enero del mismo año. Fue colaborador íntimo de don Nicolás de Piérola y es de señalar, como prueba de la modestia que le era muy peculiar, el haber renunciado en aquel entonces -no obstante abrumadora votación-, la diputación por Arequipa, donde supo granjearse general simpatía. El Presidente Nicolás de Piérola y Villena, que siempre supo aquilatar los méritos del Dr. Agustín Gamarra, lo designó para ocupar la cartera fe Fomento a la que también renunció, dirigiéndose poco después a Europa, de donde al retornar, se retiró definitivamente de su vida de político, dedicándose a su profesión. Sin embargo sus dotes personales de amigo sincero y caballeroso, así como de profesional noble y desinteresado, pues, la mayor parte del tiempo los dedicaba a atender gratuitamente a los pobres, hizo que tuviese que aceptar la presidencia del cuerpo comunal en los pueblos de Huambo y Huaura, durante muchos años. El señor Adrián Cañas y Delgado (distinguido hijo de Huaura), pronunció la Oración Fúnebre al ser sepultado los restos del extinto en el Cementerio General de Lima, a nombre de los hijos de Huaura.
Es importante recordar que, en sesión extraordinaria de fecha 6 de marzo de 1936 convocada por el Concejo Distrital de Huaura, bajo la Presidencia del señor Alcalde de la época don Manuel Clemente Bisso Ibarola; nuestro distinguido y siempre bien recordado Párroco Dr. Carlos Félix Manrique Cervantes, haciendo uso de la palabra y en una amplia exposición sobre las obras que creía indispensable se llevaran a cabo en nuestro distrito, sugiere entre otras, gestionar ante las autoridades correspondientes que las escuelas de la localidad lleven los nombres de los hijos de este Distrito que han tenido destacada figuración en nuestra Historia, como son: el coronel Pedro Portillo Silva y el doctor Agustín Gamarra Dulanto. Tan hermosa exposición y sugerencia, mereció la aprobación unánime y el aplauso de todos los presentes.
Han transcurrido 67 años, y los huaurinos no tenemos un colegio que lleve el nombre de don Agustín Gamarra Dulanto. Ante tan importante olvido, los huaurinos tenemos como deuda pendiente recordar a su buen hijo y perennizar su Memoria, grabando su nombre en una de las escuelas de nuestro pueblo y renovar cada año el más sentido homenaje. Con ello, estaremos cumpliendo con un deber cívico que sirva para inculcar en unos casos y estimular en otros, el espíritu patriótico que debe guiarnos. A su Memoria, rendimos nuestro tributo de admiración y homenaje por ser nuestro hermano mayor, modelo y ejemplo de generaciones y al evocarlo, le pedimos guíe a los corazones huaurinos, proteja nuestro pueblo y nos conduzca por el camino de su constante grandeza y prosperidad.
Desde estas líneas, invocamos a nuestra buena Alcaldesa electa, CPC Idalia Taboada Baltuano y a los Regidores que la acompañan, se unan a esta cruzada y juntos efectuemos las gestiones necesarias, para que un colegio de Huaura lleve el nombre de tan Ilustre hijo.
 
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